Los peces fuera del agua mantienen aún una esperanza de vida futura. Unos a otros se gritan consignas de salvamento: “¡No temáis! ¡Un 1% de los peces son devueltos a los mares y ríos tras ser pescados, puede que esto sólo sea pesca deportiva!”. En estos tiempos, millones de trabajadores y autónomos nos esforzamos por sobrevivir unos minutos más con el áspero oxígeno que entra en nuestras branquias mientras soñamos con nadar de nuevo, tal vez volar, en la hermosa patria que todos nos merecemos: el mar.
Desinventos. Para el taller de mañana en el cole sobre ‘Saturno Luna, Desinventor’ (Tomada con instagram)
Hoy es 23 de abril, Día de Sant Jordi y tradicionalmente Día del Libro. Para mí algo ha cambiado en esta festividad respecto del año pasado, y es que esta vez tengo mi propio libro publicado. Por eso me siento especialmente feliz y quiero compartir con vosotros un pequeño regalo, casi uno de esos huevos de pascua que suelen incluir en los DVD.
Cuando este verano recuperé el texto de ‘Saturno Luna, Desinventor’ hice apenas unas cuantas correcciones, la mayoría pequeños arreglos en algunos párrafos que encontraba algo farragosos, pero se puede decir que los cambios fueron mínimos.
El único cambio de importancia fue la redacción de este PRÓLOGO que ahora reproduzco. Durante un par de días, el borrador final de Saturno Luna incluía este texto. Después lo pensé mejor y lo quité, pues aunque me gustaba bastante (si os fijáis es un relato breve en sí mismo), me parecía que revelaba demasiado sobre el personaje. ¿Qué opináis? ¿Creéis que debería haberlo incluido en el libro?
PRÓLOGO
Antes de comenzar nuestra historia, echemos un vistazo a un mundo diferente al nuestro pero en el fondo muy, muy parecido. Permitid que os hable del Capitán Horacio Gutenberg, antiguo Almirante Superior de la República de Antipodia, que acabó sus días como pirata en los mares del Sur. El Capitán Gutenberg era uno de los lobos de mar más duros y experimentados de los cinco continentes. Aquel día de finales de septiembre, sin embargo, su barco, el “Rayo Negro”, se encontraba a la deriva en medio de un océano embravecido, sacudido por olas de más de cuatro metros de altura que amenazaban con hundir el navío.
—¡Señor Mompracem! —gritó, dirigiéndose a su segundo de a bordo—. ¿Dónde estamos? ¿Hay alguna forma de orientarse en esta tormenta del demonio?
—¡No tengo ni idea, mi capitán! —respondió el oficial, intentando elevar su voz por encima del rugido de las olas— Y el caso es que estoy seguro de que había un modo de localizar la posición del barco. Si tan solo pudiera recordar…
—¡Por todas las tortugas de las Galápagos, Mompracem! ¡A mí me sucede lo mismo!
Muy cerca de ellos, un grumete de no más de diez años de edad, que intentaba ayudar despejando de aparejos la cubierta del barco, les escuchó y se dirigió a ellos.
—¡Capitán, señor Mompracem! ¿Y la brújula? ¿Y el sextante? ¿Por qué no utilizan alguno de estos instrumentos?
Los dos oficiales se miraron extrañados.
—¿Brújula? ¿Sextante? —preguntó el Capitán—. ¿Qué son esas chaladuras?
—¿Acaso no lo recuerda, mi Capitán? Hemos estado utilizando esos instrumentos hasta hace unos días, hasta que encontramos en Isla Tiburón a ese hombre, ese tal Saturno Luna.
El Capitán Horacio Gutenberg entornó los ojos y, por un instante, creyó recordar aquellos aparatos de los que le hablaba el grumete. Pero de inmediato notó cómo una espesa neblina volvía a enturbiar su memoria. Agarró con fuerza el hombro del grumete y le dijo:
—¡Es verdad! Apenas logro recordarlo, pero es verdad. Hemos perdido algunos de los instrumentos más importantes de la navegación a cambio de baratijas sin sentido. Sin ellos, ahora estamos perdidos. ¡Más que perdidos! Probablemente estamos a punto de morir.
El antiguo héroe de los siete mares, ahora viejo pirata, se asomó a la proa del Rayo Negro y empezó a gritar al vacío.
“¡Maldito seas, Saturno Luna! ¿Me oyes? ¡Vayas donde vayas, espero que tus aventuras lleguen muy pronto a su fin!”
Pero en el furor de la tormenta, ni siquiera él mismo podía escuchar sus palabras.

Saturno Luna, Desinventor ha quedado finalista en el IV Concurso de Creación Literaria Bubok. El reto era difícil ya que se trataba del único libro infantil presente en esta fase final. Gracias al jurado por tenerlo en cuenta y enhorabuena al galardonado, Ralph del Valle, cuya obra ‘Gnadenlos (Sin compasión)’ tiene muy buena pinta.

¿Pa qué quiés que vaya? Pa ver cuatro espigas
arroyás y pegás a la tierra;
pa ver los sarmientos rüines y mustios
y esnüas las cepas,
sin un grano d’uva,
ni tampoco siquiá sombra de ella…
Pa ver el barranco,
pa ver la laera,
sin una matuja… ¡Pa ver que se embisten,
de pelás, las peñas!…
Anda tú, si quieres,
que a mí no me quea
ni un soplo d’aliento,
ni una onza de fuerza,
ni ganas de verme,
ni de que me mienten, siquiá la cosecha…
Anda tú, si quieres, que yo pué que nunca
pise más la senda,
ni pué que la pase, si no es que entre cuatro,
ya muerto, me llevan…
Anda tú, si quieres…
No he d’ir, por mi gusto, si en crus me lo ruegas,
por esa sendica por ande se fueron,
pa no volver nunca, tantas cosas buenas…
esperanzas, quereres, suöres…
¡To se fue por ella!
Por esa sendica se marchó aquel hijo
que murió en la guerra…
Por esa sendica se fué la alegría…
¡Por esa sendica vinieron las penas!…
No te canses, que no me remuevo;
anda tú, si quieres, y éjame que duerma,
¡a ver si es pa siempre!… ¡Si no me espertara!…
¡Tengo una cansera!…
Vicente Medina